miércoles, 1 de septiembre de 2010

cambios


Hace poco yo era una de esas personas que piensan que la gente no cambia. Lo repetía sin parar dando lecciones a la gente, creyendo que había descubierto algo que los demás aún tardarían en comprender. Pero ahora se que no. La gente sí cambia. A veces sucede algo que te rompe por dentro y tienes que reconstruirte. Y en ese proceso cambian muchos de los principios o tonterías que defendías antes de romperte. Te da por pensar que quizás la gente que conocías antes no merecía quererte tal y como eras. Y que quizás la gente que querías antes no merecías haberla conocido tal y como eras. Crees que algo de base común hay entre la que eras antes y la que eres ahora. Coges el teléfono, le dices al chico que te gustó el verano pasado que estuviste enamorada hasta de su forma de respirar. No pretendes nada con eso. Simplemente quieres asegurarte de que el orgullo de la que eras antes ha muerto y que en el caso de que desaparecieras para siempre, él sabría que tú le habrías querido para siempre. Así es cambiar. Dejar de pensar tanto y actuar. Empezar a vivir, sintiendo todo lo que dices y diciendo todo lo que sientes, sin dar tiempo a las palabras para que se esfumen sin aprovechar su inmediatez, la inmediatez que tantas veces desaprovechaste cuando eras esa, la que ahora llamas "la de antes"

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